22 de junio de 2007

Europa Europa

Quien hubiera dicho que de un evento tan trágico se hubiese podido extraer algo tan positivo. Antes que Steven Spielberg nos contara la historia de supervivencia en “La lista de Schindler” y mucho antes de “El Pianista”, la versión para las masas sobre la guerra, hubo otra historia que logró captar el espíritu arbitrario de aquellos acontecimientos y la supervivencia puesta a prueba, pero que por sobre todo, se separa de la mayoría de las películas de su género al no ser ni trágica ni conmovedora, tampoco impactante; mas bien, su atractivo radica en logra ser lo suficientemente seria para ser considerada como tal y también lo suficientemente entretenida, irónica e inocente para no parecer una parodia o un chiste. “Europa, Europa”, de 1991, ya una verdadera reliquia para nuestros tiempos, dirigida por Agnieszka Holland, cuenta la historia de Salomón Perel, un joven judío que pierde a toda su familia en los comienzos de la guerra y que luego termina siendo el personaje principal de la ironía más inteligente de una guerra, el personaje central de la mentira más peligrosa pero a la vez creativa y simple, vivir como un supuesto nazi dentro del “Instituto de Juventud Hitler”, en Berlín, el equivalente a ser alumno interno de un Colegio Opus Dei fundamentalista en nuestros tiempos. La historia se basa en la constante preocupación de Jupp (el nombre falso que él usa para vivir los años de la guerra) por no ser descubierto en la principal mentira dentro de toda la mentira que era su vida: el hecho de que, como cualquier judío, era circuncidado.
Si bien la circuncisión no es el tema transversal de la película, es la causa del miedo con el que vive constantemente Jupp y así mismo la causa de sus principales tristezas e impedimentos cotidianos, los que se abordan con crudeza así mismo como con sentido del humor, por ejemplo, cuando los jóvenes del instituto nazi deben recibir al doctor que periódicamente los evaluaba de cuerpo entero y para lo cual debían desnudarse. El famoso judío encubierto debe
fingir un falso dolor de muela para no realizarse la prueba, lo que solamente termina en una muela injustificadamente extraída y en uno de los dolores más terribles de su vida, representados en una escena bastante chistosa. Pero parte de la historia, también incluye la desesperación y la frustración que siente todos los días al no poder confesarle a alguien su secreto, ni siquiera a su compañero de cuarto, gay y obsesionado con él o a la joven nazi del cual se había enamorado. La circuncisión de nuevo le impide realizar algo que él estaba mas que dispuesto a hacer: tener relaciones con ella, algo que el personaje de Julie Delpy (la misma de Before Sunset) le había pedido pero que él tuvo que evadir con un cobarde “eres aun muy joven”. La película, bajo todo esto, trata el tema de universal de los orígenes y del pasado que se quiere borrar. El tema de que, no importa lo que hagamos para cambiar algo en nosotros, para pretender algo mas o algo menos, para esconder o para engañarnos a nosotros mismos, siempre vamos a saber realmente quienes somos, quienes fuimos y que parte de nuestra identidad quisimos enterrar. En este caso, el tema de la persecución a los judíos adquiere un nivel más visceral y cruel, cuando se toma una tradición tan antigua y fundamental del pueblo de las seis puntas y se la convierte en la principal condena y al mismo tiempo, en la ironía mas grande de la cual Salomón Perel es víctima. El mismo, en el baño del Instituto intentó alterarse la piel de su circuncidado pene para que dejara de serlo, tal era su desesperación, que no fue capaz de darse cuenta que en los días posteriores su improvisada cirugía se le infectaría, ni los dolores del infiero que esto le traería. Su desesperación por ser igual que el resto, igual que sus compañeros nazis que lo rodeaban, aquellos que diariamente cantaban en el patio "afilaremos los cuchillos para enterrarlos en el corazón judío”, su deseo por estar en la misma categoría de sus enemigos le impedía ver su realidad y darse cuenta que la suerte no era tan bondadosa: había tenido éxito al hacerse pasar por alemán, había tenido éxito al providencialmente saber hablar ruso y ser reclutado como traductor del idioma enemigo y como posterior ahijado por uno de los principal comandantes nazis del reich, había tenido suerte en sobrevivir como alemán y haber llegado al Instituto de Juventud, pero no había nada que pudiera hacer para negar que su esencia de Judío la llevaba entre las piernas.
Aparte de todo esto, la forma en que el personaje relata la historia, restándole importancia como si fuese otra anécdota inocente y graciosa de una guerra tonta, junto con el baile entre Hitler y Stalin en la Iglesia, una escena digna de realismo mágico y la confesión de un ridiculizado fuhrer, dentro de un armario, que apoya la teoría de que el anticristo era verdaderamente un judío, al igual que Salomón Perel, convierten a “Europa, Europa” en una de las mejores y mas extrañas que se han filmado sobre la segunda guerra.

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